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De oficio arenero

Con este relato que hoy les dejamos, Alejo Córdoba, quien a sus 12 años es alumno de sexto grado en la Escuela nº 25 "General José de San Martín" de Las Moscas, participó en el concurso "Rincón Gaucho en la Escuela", que es organizado conjuntamente por el diario La Nación, la Fundación Cargill y el Ministerio de Educación de la Nación y está destinado a los alumnos de escuelas rurales de todo el país a fin de escribir sobre sus pagos, los usos y costumbres locales, la transformación del paisaje, los oficios del campo, los puntos de progreso, las creencias y supersticiones, entre otros temas. Este año más de mil alumnos de todo el país enviaron sus trabajos.
Alejo se inspiró en su abuelo Edelmiro Molina, también conocido como "Beco", para escribir "De oficio arenero", relato con el que obtuvo una mención en el concurso, gracias a la cual se hizo acreedor a premios que consistieron en una bicicleta, una mochila con libros y una estadía de 3 días en una estancia de la provincia de Buenos Aires para festejar el Día de la Tradición los días 9, 10 y 11 de Noviembre, lugar al que viajó en compañía de su papá, Rubén "Viri" Córdoba.

De oficio arenero
A continuación, el relato:

Hace unos años unos hombres de mi pueblo se dedicaban al oficio de arenero. Uno de ellos era mi abuelo. Trabajaba como peón de campo, pero los días libres traía arena al pueblo y también a pueblos vecinos. Ocupaba cuatro caballos atados al carro para el primer viaje y otros cuatro para el segundo. El río Gualeguay a donde iba a buscar la arena queda a dos leguas y media del pueblo. Salía al amanecer y volvía al mediodía con el primer viaje, de ida al trote largo y a la vuelta, cargado, los traía despacio para no cansar a los caballos.
La carga variaba según el encargo, si pedían una carrada, la misma era al ras de la caja del carro, si le pedían un metro eran ciento ochenta paladas las cuales contaba una por una.
Como no era el único que se ocupaba de eso, se ponían de acuerdo para vender al mismo precio y así tener las mismas posibilidades de venta. Pero no sólo eso tenía en cuenta el cliente, también la calidad de la arena: debía ser limpia, libre de pasto y resaca.
Cuando el río crecía tapaba todo el arenal, debían esperar días o semanas hasta que volvía a estar en caja (lo llamaban así cuando volvía a la anchura normal). Cuando eso ocurría mi abuelo se enteraba por los demás areneros que vivían en la costa. Pero antes de la creciente, anticipado por el pronóstico del tiempo radial, se iba dos o tres días al río y sacaba varias carradas de arena, varios metros lejos del río donde sabía no llegaría el agua, en caso que la creciente sea grande. Cuando esto ocurría en el arenal no quedaba nada limpio, palos, troncos, ramas, restos de animales muertos y cualquier otro elemento arrojado por la mano del hombre, que en ese entonces no eran tantos según mi abuelo. Todo lo que no le pertenecía al río, la creciente lo arrojaba al arenal y al pajonal. Cuando el camino daba, el trabajo del arenero era más duro pues había que zarandear la arena antes de llenar el carro, limpiándola de la resaca del río.
Me cuenta que en tiempos de verano se metía al río con carro y caballos, refrescaba a los animales y los hacía beber y a la vez mojaba las ruedas del carro, que al ser de madera con el sol se resecaban y se aflojaban, al humedecerse se hinchaban nuevamente y no había peligro que se rompan de regreso al pueblo.
En ese tiempo el río era de aguas claras y limpias y se podía beber sin peligro, en la arena había rayitos de sol de varios colores, en el paisaje se podían ver sauces, sarandí blanco, ceibos, talas, algarrobillos y ñandubay, éstos últimos en época de primavera y verano cubiertos por mburucuyá, clavel del aire y tas. Cuando los espinillos estaban en flor, varios metros antes se podía percibir el rico perfume a aromitos.
De camino al río y a sus alrededores se podían ver ñandúes, carpinchos, chajás, teros reales, chorlitos, gallaretas, palomas, tordos, golondrinas, cardenales, tijeretas, cuises y muchos otros animales, de los cuales hoy quedan pocos.
Cuando comenzaron a instalarse los corralones en las ciudades cercanas, los camiones traían arena a la mitad del precio que ellos vendían, poco a poco fueron perdiendo los clientes y el oficio de arenero desapareció, al menos en mi pueblo. La arena que está en el río está sucia y sacarla sería ayudar a destruir más la naturaleza.

Alejo

A este relato lo compartimos con ustedes gracias a la colaboración de Mabel, quien agrega:
Hermosa la historia del abuelo de Alejo, verdad? Hace unos años atrás había una calco que decía "Veranee en el Raigón". Se acuerdan?
Es una lástima que hayan abandonado tan hermosa playa. Hoy es difícil llegar en auto, el camino angosto y descuidado, los árboles cierran el paso. Es un hermoso lugar, ojalá lo podamos ver como lucía años atrás!

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Encuentro en Buenos Aires

Daniel Grassetti nos comenta que el día 7 de Diciembre próximo se realizará el SEGUNDO ENCUENTRO DE MOSQUEROS EN BUENOS AIRES, organizado por la ASOCIACIÓN LUCHEMOS POR LAS MOSCAS. El mismo se llevará a cabo en las instalaciones de la Sociedad de Fomento "José Manuel Estrada", ubicada en Fray Justo Santa María de Oro 5535 de la localidad de Villa Bosch, partido de Tres de Febrero, en la provincia de Buenos Aires.
"QUEREMOS QUE NUESTRO PUEBLO CREZCA" es el lema de este año.
Esperamos a todo el que quiera venir a visitarnos y los recibiremos con la cordialidad y alegría que nos caracteriza. Nuestro objetivo es reencontrarnos con todos esos amigos a quienes no vemos todos los días, y también propiciamos un lugar para compartir recuerdos, anécdotas y vivencias. Será un orgullo y un inmenso placer contar con tu presencia.
Habrá asado a cargo de profesionales con años de experiencia en el tema (bebidas aparte). Además animaran el evento grupos folklóricos de calidad reconocida con algunas sorpresas.
Que este sea un nuevo encuentro para los mosqueros que viven en nuestro querido pueblo y para los que nos tuvimos que ir por diferentes razones, pero que JAMÁS olvidamos nuestro terruño.
Un saludo cordial de los miembros de la "ASOCIACIÓN LUCHEMOS POR LAS MOSCAS".

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Campanitas mosqueras

Agradecemos la colaboración del padre Jorge Horacio Leiva, el cura cantor, quien nos hace llegar el siguiente poema de su autoría, titulado "Campanitas mosqueras":

"En el pueblo se escuchaban tres campanas:
la de la escuela, la de la estación de trenes,
la de la iglesia".
Fernando Rotela

Cada mañana en mi pueblo,
Como un canto de alegría,
La campana de mi escuela
Sonaba trayendo vida.

La campana del andén
Con llegadas y partidas
Anuncia el paso de un tren
De adioses y bienvenidas.

Y allá en el fondo del pueblo
En el día del Señor
La campana dominguera
Convocaba a la oración.

¡Campanitas de mi pueblo,
Sencillo pueblo mosquero!,
Vas resonando en mi alma
En tu canto y mi recuerdo.

¡Hay campanitas mosqueras!
Siempre las estoy oyendo:
Talán talán en mi alma,
Aunque estoy lejos del pueblo.

Padre Jorge H. Leiva
09/X/2005

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